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La diáspora dominicana y la añoranza a nuestra tierra

Echamos de menos todos esos detallitos que hacen única a nuestra tierra bella, la Republica Dominicana.


Por: Maria Aduke Alabi


CALIFORNIA, June 14, 2022. Amo mi país, su folklore, sus tradiciones y su cultura. El inicio de este romance comenzó cuando dejé mi isla linda Republica Dominicana y me fui a residir a California, lejos de todo lo que para mí era familiar, donde reconocí que es cierto lo que dicen que “Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.


Hay una gran diferencia entre visitar un país y residir en él, cuando visitas te llevas la experiencia positiva, un disfrute momentáneo que impacta y llevas en tu memoria como una prenda valiosa para tener en el baúl de tus recuerdos. Cuando resides, reconoces las diferencias positivas y negativas con relación a tu país y no solo las reconoces, las vives e independientemente de que donde estés haya más oportunidades de progreso, haya más respeto a las leyes y se respete más el derecho ajeno, independientemente de que sea menos peligroso, haya menos corrupción, y el dinero parezca rendir más, aun así, cuando se trata del bienestar interno, la felicidad real, la necesidad de calor humano, la familia, la verdadera diversión y los verdaderos amigos; nada se compara con tu país.


En mi caso, estando en California, donde no existe una cultura propia, donde los mejicanos celebran el Cinco de Mayo, los chinos su año nuevo chino y los irlandeses sus fiestas de San Patricio; donde no todos celebran Halloween o Christmas porque su cultura o religión no se lo permite. Donde cada grupo tiene su día, los LGBTQ celebran el día del orgullo Gay, las mujeres tienen su día internacional y los afroamericanos tienen su mes de la historia africana. Las escuelas no enseñan religión ya que hay una gran variedad de ellas y prefieren no enseñar ninguna o solo mencionarlas de forma general para no ofender a nadie. Aquí, si no eres parte de alguno de esos grupos, simplemente te quedas fuera. Algunos llamarán a esto unión, otros lo verán como división, yo lo veo como una necesidad en base a la gran variedad y diferencias. Las etiquetas que esta comunidad tiene que usar para poder encajar dentro de un grupo particular y poder tener el sentimiento de que pertenencia y abolir el sentimiento de ser diferente y estar solo.


COMO VIVIMOS EN LA DIASPORA


No generalizo, pero aun así entiendo que la mayoría de los dominicanos que viven en la diáspora comparten muchos de estos sentimientos, los que expresare de forma personal como experiencia propia y de muchos de los que conozco, a sabiendas de que muchos de ustedes podrán identificarse con ellas.


Vivo en una metrópoli solitaria, llena de gente, donde la familia y tus compatriotas (si es que tienes alguno) son el centro de atención de cada individuo, donde los valores del alma se anidan, ya que forman todo tu mundo. Sobreviviendo en una jungla llena de diferentes especies, todas sujetas a las leyes, donde la definición de diversión es diferente, donde el adulto vive para sus hijos, donde se acostumbra a vacacionar en familia, y donde puedes vivir en una casa por dos años y haber visto a tus vecinos tres veces y ni siquiera saber cómo se llaman. Un lugar donde preguntar “de donde eres” forma parte del ritual del saludo y cuentas con muchos conocidos, pero pocos amigos. Aquí cada cual vive su vida y la vida social del adulto solo se manifiesta en las noches de bar o restaurantes y se limita exclusivamente a el grupo con el fuiste.


Si tienes hijos, las escuelas son un lugar donde te relacionas con otros padres en actividades y reuniones, pero normalmente se limita a compartir en las actividades de la escuela, en los “play dates” y en los cumpleaños de los hijos. Existe limitaciones sobre con quien te relacionas, más aún cuando eres de piel oscura y sucede que vives en áreas donde no hay muchos afroamericanos o latinos de piel oscura.


No sé si otros compatriotas en la diáspora que viven en áreas donde prácticamente no hay dominicanos han tenido la experiencia de encontrarse con un dominicano. Automáticamente nace un apego especial hacia esa persona, un sentimiento de camaradería, una confianza, como si se tratara de un familiar, aun si se trata de un encuentro esporádico el cual en el fonde desearías que se tratara de un encuentro con secuelas a largo plazo. Además, como dominicanos podemos reconocer a otros dominicanos con tan solo escucharlos hablar y en muchos casos su forma de vestir y de actuar.


Nos convertimos en seguidores de dominicanos que se destacan, nos orgullecemos por el triunfo de otros dominicanos en los países donde residimos, sentimos que su logro es nuestro logro ya que la fama del dominicano hace que todo aquel que te conozca y sepa que eres dominicano te mida con la misma vara, por ello también nos avergonzamos y nos sentimos agobiados cuando dominicanos se destacan por hacer lo indebido.


Cuanto extraño la camaradería, la vida entre vecinos, donde estos terminan formando parte de tu vida como miembros de tu propia familia, donde tus amigos de infancia se convierten en tus mejores amigos en la adultez, donde un amigo es un hermano y para bien o para mal todo el mundo se conoce y hasta tus secretos más íntimos son de dominio público. Cuanto echo de menos esas reuniones de patio que se armaban inintencionalmente, donde un sábado sacaba una silla en el frente de mi casa, la vecina sacaba la suya y una hora después había un gran grupo a tu alrededor hablando vainas, tomando frías, escuchando bachatas y a veces hasta bailando.


LAS ESTADISTICAS


E1 75 por ciento de todos los emigrantes dominicanos están en los Estados Unidos, siendo este el destino número uno, seguido por España con unos 167,000 dominicanos, seguido por el territorio estadounidense de Puerto Rico con 51,000, luego Italia con 46,000 y Venezuela con 14,000, según estimaciones de la División de Población de las Naciones Unidas a mediados de 2019.


Los dominicanos en New York lo tienen más fácil, ya que la población dominicana en la costa este es bien grande, con 872,504 dominicanos, el 42% de todos los dominicanos en USA* principalmente en Washington Heights (Alto Manhattan) donde se respira el calorcito dominicano lo que a mucho de ellos los hace sentir como en casa, aunque no es ni será nunca lo mismo. La vida del residente dominicano en California con solo 18,381 dominicanos* y en muchas otras partes del mundo, es mucho más solitaria, por tanto, la añoranza a nuestra tierra es mayor. Residir “fuera” significa que hay que trabajar bien duro toda la semana y gastar poco para poder sobrevivir, viviendo “pay check to pay check”, ya que, si no puedes pagar un mes de renta, te pueden sacar de tu vivienda en nombre de la ley. Aquí todos andan tan ocupados que la diversión pasa a un segundo plano y a veces se convierte en una ilusión que solo haces realidad cuando regresas de visita a tu tierra amada, ya que en esos países el sentido de diversión es diferente al que estamos acostumbrados.


DOMINICANO EN REPUBLICA DOMINICANA


Si tienes la dicha de estar viviendo en tu país, te felicito, no hay nada mejor para tu espíritu que vivir en la tierra que te vio nacer, con tu gente, comiendo tu sancocho, escuchando tu merengue, tomando una fría y rodeada de gente que, aunque no sea perfecta al menos logras entender. Siéntete orgulloso, ya que vivir en el extranjero solo resulta mejor para los materialistas y progresistas (en el buen sentido de la palabra), aquellos que buscan el progreso, aunque tengan que sacrificar su bienestar mental y ese sentido de pertenencia que inspira nuestro espíritu. Es un poco mejor para aquellos que viven rodeados de su gente, ya sea porque se han podido llevar a su familia o porque simplemente están rodeados de ellos. Adora tu tierra, ya que, aunque no es perfecta es la madre tierra que te vio nacer y merece tu respeto y adoración ya que eres parte de ella. Vivir en el extranjero tienes muchas ventajas, pero la finalidad de la vida es ser feliz y en muchos casos en tierras ajenas la felicidad se aleja un poco de nosotros y se hace más difícil llegar a ella.


Vivimos en el mejor país del mundo Adoremos a nuestra bella Quisqueya “reconoce lo que tienes no lo dejes perder”.




POEMA DE PEDRO MIR, HAY UN PAIS EN EL MUNDO


Aquí les dejo la primera parte de un poema precioso que resalta perfectamente la belleza de nuestra Quisqueya, su sufrimiento y el amor a la tierra que nos vio nacer, espero que lo disfruten.


HAY UN PAIS EN EL MUNDO De: Pedro Mir

Hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol. Oriundo de la noche. Colocado en un inverosímil archipiélago de azúcar y de alcohol.

Sencillamente liviano, como un ala de murciélago apoyado en la brisa.

Sencillamente claro, como el rastro del beso en las solteronas antiguas o el día en los tejados.

Sencillamente frutal. Fluvial. Y material.

Y sin embargo sencillamente tórrido y pateado como una adolescente en las caderas.

Sencillamente triste y oprimido.

Sencillamente agreste y despoblado

En verdad.

Con tres millones suma de la vida y entre tanto cuatro cordilleras cardinales y una inmensa bahía y otra inmensa bahía, tres penínsulas con islas adyacentes y un asombro de ríos verticales y tierra bajo los árboles y tierra bajo los ríos y en la falda del monte y al pie de la colina y detrás del horizonte y tierra desde el canto de los gallos y tierra bajo el galope de los caballos y tierra sobre el día, bajo el mapa, alrededor y debajo de todas las huellas y en medio del amor.

Entonces es lo que he declarado.


Hay un país en el mundo sencillamente agreste y despoblado.

Algún amor creerá que en este fluvial país en que la tierra brota, y se derrama y cruje como una vena rota, donde el día tiene su triunfo verdadero, irán los campesinos con asombro y apero a cultivar cantando su franja propietaria.

Este amor quebrará su inocencia solitaria.

Pero no.


Y creerá que en medio de esta tierra recrecida, donde quiera, donde ruedan montañas por los valles como frescas monedas azules, donde duerme un bosque en cada flor y en cada flor la vida, irán los campesinos por la loma dormida a gozar forcejeando con su propia cosecha.

Este amor doblará su luminosa flecha.

Pero no.

Y creerá de donde el viento asalta el íntimo terrón y lo convierte en tropas de cumbres y praderas, donde cada colina parece un corazón, en cada campesino irán las primaveras cantando entre los surcos su propiedad.

Este amor alcanzará su floreciente edad. Pero no.



*Según el programa de estimaciones de población de la Oficina del Censo de EE.UU. para el 2017


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